La pobreza extrema sigue siendo una realidad cotidiana para más de 1.000 millones de seres humanos que subsisten con menos de 1 dolar al día. El hambre y la malnutrición afectan a más de 800 millones de personas cuya alimentación no es suficiente para satisfacer sus necesidades energéticas diarias. Más de una cuarta parte de los niños menores de 5 años en los países en desarrollo sufren malnutrición.
Sin embargo, reducir la pobreza extrema y el hambre es posible. En Asia se han logrado reducciones espectaculares de la pobreza: el nº de personas que viven con ingresos inferiores a 1 dólar por día se redujo en casi 250 millones entre 1990 y 2001 que fue un periodo de rápido crecimiento económico.
En la Declaración de los ODM de Naciones Unidas se fijaron 3 metas para poder alcanzar este objetivo:
- Reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, la proporción de personas con ingresos inferiores a 1 dólar por día.
- Lograr el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos, incluidos las mujeres y los jóvenes.
- Reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, el porcentaje de personas que padecen hambre.
Sí, ya sé que todo esto es muy complicado pero permitidme que os cuente un cuento, no mío, sino de Sir Rabindranath Tagore (Calcuta 1861 - Santiniketan 1941). Dicho sea de paso, éste bengalí fué el primer asiático que recibió el Premio Nóbel de Literatura, concretamente en 1913. Dos de sus canciones son ahora los himnos nacionales de India y Bangladesh.
El tesoro
¿Quién de nosotros se encargará de alimentar a los hambrientos? preguntó el señor Buddha a sus discípulos cuando el hambre se abatía sobre Shravasti.
Ratnakar, el banquero, inclinando la cabeza, dijo:
Una fortuna mucho más grande que la mía sería necesaria para alimentar a todos los hambrientos.
Jaysen, jefe de los ejércitos del rey, dijo:
Gustoso daría mi sangre y mi vida pero no hay alimentos suficientes en mi casa.
Dharmapal, que poseía grandes dehesas, musitó:
El dios de los vientos arrasó mis campos y ni siquiera sé cómo podré pagar los impuestos del rey.
Entonces Supriya, la hija del mendigo, se levantó:
Yo alimentaré a todos esos miserables.
¿Y cómo?, exclamaron todos sorprendidos. ¿Cómo esperas cumplir tu promesa?
Soy entre todos la más pobre - dijo Supriya - y esa es mi fuerza. Mi tesoro y mi abundancia los buscaré a vuestras puertas. Como nada tengo que abandonar, allí clamaré que se os ablanden las entrañas.
Este maravilloso poema-cuento de R. Tagore nos enseña muchas cosas.
Como Ratnakar, Jaysen y Dharmapal muchas veces nosotros, buscamos mil excusas para no ayudar. Que si no se puede hacer nada, que si no tengo suficiente como para ayudar a todos los que lo necesitan, etc. Supriya les enseña ,y a nosotros también, que lo más importante es la voluntad de ayudar, ése es el punto de partida.
Además nos enseña otra cosa. Es probable que ninguno de los poderosos por si solo pueda resolver el problema, pero ella se encargará de pedirles ayuda a los tres . Con la contribución de todos sí que es posible ayudar y hacer mucho por los que pasan hambre.
Un abrazo a todos

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